Cuando Dios está presente, hasta el alma aprende a volar.
Este hermoso cuadro reúne dos de las más delicadas maravillas de la creación: el colibrí, símbolo de esperanza y perseverancia, y las mariposas, que representan la transformación, el renacer y la belleza de una vida guiada por la fe.
Cada detalle nos recuerda que Dios transforma nuestras pruebas en nuevas oportunidades, nuestras lágrimas en fortaleza y nuestros sueños en esperanza. Es una invitación a confiar en que, aun en los tiempos de cambio, Su amor siempre nos sostiene.